En la comunidad Jolaco en el municipio de Tila en la zona Norte de Chiapas se está dando una lucha “contra el capitalismo destructor de la naturaleza y la humanidad”. Diego Martínez López, catequista ch’ol y miembro de la organización de retornados en la zona, Kichan Kichañob, adherente de La Otra Campaña, es ejidatario y dueño de unas hectáreas en el ejido que contienen un tesoro particular: un manantial, grutas y un arroyo con unas hermosas cascadas. Ahí desde siempre la gente de la comunidad ha venido a bañarse y convivir. En el corazón de la montaña, se esconde el nacimiento del agua que corre en el arroyo y varios cientos de metros de grutas y cuevas cubiertas de estalactitas y estalagmitas. Ahí en la profundidad de la montaña, las autoridades religiosas de la comunidad se reúnen para rezar y quemar velas cuando hay sequía.
Desde tiempo gente de ciudad y de otros lados se han acostumbrado a venir a la cascada para bañarse. Diego nunca ha tomado medidas en contra de la gente que llega de fuera, aunque sí se ha molestado con personas que llegan y ensucian el arroyo. Últimamente sin embargo, Diego y la organización Kichan se han encontrado con una nueva problemática. Ya en 1998 el gobierno intentó pavimentar un camino que cruzaría un campo de cafetales perteneciendo a Diego para entrar a las cascadas. Se le prometieron 50.000 pesos para construir el camino y él aceptó. Derrumbaron árboles frutales y cafetales, pero nunca lo indemnizaron por las pérdidas. Finalmente se suspendieron los planes de carretera. Hace menos de un año, volvieron a abrirse en el marco de un nuevo proyecto eco-turístico impulsado por el gobierno. Los planes dividieron la comunidad. Diego y Kichan Kichañob decidieron no optar por el proyecto, mientras la otra parte estuvo a favor de la construcción de una carretera y un complejo eco-turístico en la orilla del arroyo. También se dice que el gobierno municipal de Tila planteó una propuesta para dejar entrar a una empresa embotelladora en el manantial.
Diego sigue insistiendo en que la cascada y el arroyo pertenecen a sus antepasados y a sus familiares, tanto como a la comunidad. No quiere vender su terreno y dice que seguirá hasta que pueda defendiendo su derecho. La otra parte de la comunidad sin embargo insiste en que la cascada es un bien comunal que pertenece a toda la comunidad, y por lo tanto están exigiendo la aceptación del proyecto eco-turístico. El conflicto parece estancado vulnerando la autonomía en la comunidad entre los dos grupos y el desacuerdo que les divide acerca del futuro de la cascada.
Escrito por SIPAZ 
